
Teníamos un huerto que lindaba con la vía del tren. En las noches de verano, desde la cama, con las ventanas abiertas, oía a lo lejos el silbido desgarrado del tren que atravesaba la oscuridad. Soñaba con viajar un día hasta esa ciudad maravillosa para saber si esos héroes que leía en los tebeos eran de verdad (Manuel Vicent, Una historia particular)

Yo os daré el Vellocino de Oro, adormeciendo a la serpiente que lo guarda, con una pócima de enebro entre cantos mágicos (Medea, en El Viaje de los Argonautas)

En el Palacio Carvajal Girón de Plasencia se respira una luz increíble, una luz nítida y brillante como la que aparece en los cuadros de Vermeer. Será por la historia y secretos que se esconden entre los muros de granito del Palacio, levantado en el siglo XVI, será por la amabilidad de su gente, o posiblemente, por las dos cosas a la vez. Sea como sea, en sus interiores y espacios las composiciones y perspectivas tienen otra dimensión.

Tiene que haber un paraíso adonde habrán ido a parar todos los juguetes que tuve de niño. Allí estarán el caballo de cartón, el rompecabezas, el primer patín, el primer triciclo. Tal vez ese cielo que nos prometen las religiones después de la muerte consista en un lugar donde nos esperan los juguetes de nuestra infancia para seguir jugando (Manuel Vicent, Una historia particular)

Te diría que escribieras las historias más extravagantes, subversivas y provocadoras que puedas. Que le saques el partido a la libertad total que ofrecen los libros. No aprovechar las ventajas de esa libertad es desperdiciar el punto más fuerte del medio (Momentos de mi vida como escritor que lo cambiaron todo, Chuck Palahniuk)
Modelo: Paula Corrales
Fotografía: Simón Planes
Plasencia, 2025